domingo, 6 de mayo de 2012

Querida mamá.

Me gustaría ser algo original en un día como hoy, y por eso he pasado un poco del típico regalo peculiar que se suele hacer en este día, para pasar a algo que de verdad signifique algo, algo que salga de mí directamente, algo propio, un pedacito de mí.
En primer lugar, Gracias. Gracias por todo lo que has dado por mí y por mi hermano en este tiempo y por darnos lo más importante que tenemos en estos momentos: la vida y una educación que muchos envidiarían. Gracias de corazón. Querría empezar esta pequeña dedicatoria también, pidiéndote perdón por todas esas veces en las que no he sabido estar a la altura, ni comportarme como fuera debido por una cosa o por otra; por mi carácter, demasiado fuerte en muchas ocasiones y por haberte contradicho en cosas en las que más tarde, el tiempo me enseñó que tenías toda la razón. La experiencia es un grado.
Además, en este día tan importante desde hace unos 18 años, quiero que sepas que no hay persona en este mundo por la que sienta más respeto, orgullo y admiración que por ti. Por todo lo que has luchado en esta vida por nosotros, por los tuyos y por que todo saliese siempre bien. Siempre has hecho lo que has creído mejor para nosotros y siempre con excelentes resultados. Nadie hubiese tomado mejores decisiones. Recuerdo vagamente aquellas primeras vacaciones por el norte de España, en las que yo me hacía difícil de aguantar, pero tú siempre lo llevaste con todo tu cariño y amor, ese amor y simpatía que tanto te caracteriza y que tanto me gusta y ayuda en los momentos más difíciles, cuando me veo agobiado o me altero en exceso. También, en estos últimos años, en los que me has ayudado siempre que se me han puesto las cosas cuesta arriba y he necesitado en quién apoyarme.
Recuerdo también esos veranos en Albacete, nuestros desayunos y compras por la ciudad que tanto me gustaban y me siguen gustando. Esos paseos entre el bullicio de una mañana manchega mirando escaparates o simplemente paseando después de unas tostadas y un café con leche. Tantos recuerdos que no puedo evitar emocionarme.
Para terminar un poco este peculiar regalo, espero haber estado a la altura de lo que esperabas de un hijo y decir que intentaré seguir dándote alegrías en lo que resta de mi vida, porque no hay otra cosa que merezcas que ser feliz por todo lo que das por nosotros día tras día. Y por pedirte algo para un futuro, que todo siga como hasta ahora, ya que sería lo más injusto de este mundo pedirte más de lo que nos das. Te lo debemos todo.
Con todo el cariño del mundo,
y con la humildad y educación con la que nos educaste.
Gracias Mamá.