martes, 19 de junio de 2012

Final.

Ahora sí. Final. Termina otra etapa de nuestras vidas precisamente hoy. Llegan esas notas tan trabajadas durante estos meses, en las que se ve reflejado todo lo trabajado en este tiempo.
Parece que fue ayer cuando cogí el tren que me traía de vuelta de Albacete. Después de un festival impresionante, me encaminaba a afrontar el curso más duro en cuanto a trabajo que me ha deparado la vida hasta el momento. Y fue así. Un curso que sí, más duro e intenso en cuanto a exámenes y conocimientos con relación al tiempo que tenemos para prepararlo. Llegamos después de un verano de desenfreno, dispuestos a ver muchas de esas caras que olvidamos el año anterior. Qué difíciles son los primeros días. Conocer profesores nuevos y ponerte las pilas desde el primer día hasta el último. El período de adaptación se hace bastante árido como diría uno de nuestros profesores pero todo terminó a pedir de boca.
Bajo mi punto de vista, el primer trimestre fue el más duro. El comienzo siempre es lo más difícil de llevar, pero salimos ilesos. Y cuando llega Navidad, ya todo va cuesta abajo y sin frenos. Falta tiempo por todos lados y muchas personas comienzan a hiperventilar pensando de donde podrían arañar esos segundos de estudio que tanta falta les hace. No se si será suerte o desgracia no incluirme entre esas personas. Quizás me relaje demasiado y no sepa verle la cara a los problemas hasta tenerlos bien de frente, pero así ha ido mi curso. A lo mejor no está bien decirlo, pero me he pegado un curso demasiado demasiado relajado. Y ese es el motivo de no haber cumplido mis objetivos iniciales al 100%. Pero sí en su mayoría.
2º de Bachiller es el típico curso que nadie quiere echarse a la cara. Un año en el que por norma general tienes 17 años, casi todos los lunes exámenes y entre semana no mucho tiempo para dedicártelo íntegramente para ti. Pero en mi opinión es más lo que dicen que lo que es en sí. No te das cuenta de lo rápido que van pasando los días hasta que te encuentras con los exámenes finales. ¡Joder! ¿YA? Pues sí. y luego claro, esa palabra tabú que un estudiante se tira escuchando desde el primer día hasta que te la quitas de encima: Selectividad. Una palabra que parece engendrada por el mismísimo demonio, pero no, no tiene por qué. Durante el año, esos magníficos profesionales en estos momentos infravalorados y llamados vulgarmente "maestros" se dedican a prepararte día a día para esos 3 días. Pero lo más importante no son esos 3 días, sino que te preparan a fondo para que comencemos con buen pie la larga carrera que aún nos queda, nuestro futuro. Porque sí, aquí terminamos una etapa, e importante, pero comenzamos una mucho más determinante para el día de mañana. Estos años que nos quedan si que son los importantes, los que dictarán sentencia en cuanto a nuestro futuro, en cuanto a donde nos queremos ver dentro de 10, 20, 30 o incluso más años. Esto que llevamos hecho todo este tiempo, 17 años en mi caso, tan solo ha sido una ligera preparación para nuestra carrera de verdad, para enfrentarnos a la vida como personas intelectuales y cultas. Y todo esto se lo debemos a esas personas, que desde pequeños nos dicen: "Fernando, estudia" o a esas otras que nos ponen la calificación en los exámenes. Gracias por todos estos años, y por allanarnos el terreno de los que nos quedan. Gracias profesores, a los que les debo gran parte de mi educación, humana e intelectual, de mi vida. Y sobre todo, gracias Papá y gracias Mamá por hacer que hoy esté aquí escribiendo esto y por darme la vida y una educación, en mi opinión ejemplar. Gracias por regalarme estos años.
Y después de esto, vuelvo al tema selectividad. 3 días en los que se juntan tantos exámenes que cuando sales de uno ya tienes que empezar a pensar en el siguiente que no tiene nada que ver con el anterior. Pero tranquilos, es mucho más lo que dicen y lo que se crea alrededor de esta palabra tabú que lo que es en realidad. Y después de salir de ese último examen, respiras y te sientes bien y por así decirlo, libre. Pero ese día, aunque te sientas bien, todavía te queda una pequeña espina: las notas. Entonces te pasas toda la semana intentando no darle mucha importancia y pensando que todo va a salir bien, pero llega el lunes y ya no estás tan seguro y te queda ese remordimiento de: ¿Y si todo este tiempo no ha servido de nada? ¿ Y si tengo que seguir escuchando esta maldita palabra durante todo el verano?. Pero entonces llega el martes, y el primer compañero que se entera lo comunica por Whatsapp. Están puestas. Y ahí, estés donde estés, sales corriendo buscando el ordenador más cercano y tu clave. Y entonces entras, lo colocas todo y... ahí es cuando pasan los 3 segundos más lentos de toda tu vida. Pero cuando lo ves, o en mi caso, cuando lo veo sólo existe una opción: Chillar alocadamente a los cuatro vientos "APTO, APTO" y ver el trabajo de todos estos años traducido en un código numérico. Y seguir gritando y saltando mientras comienzo a notar cierta humedad en mis mejillas. Sí. Éste, este simple momento frente al ordenador, es en el que realmente te sientes liberado, te desquitas de toda la presión. Y lloras, sí, lloras como nunca, pero te sientes bien. Este estúpido momento, incoherente e incontrolable, yo lo he bautizado como Felicidad. Porque no sientes nada más, solo gritas y lloras como nunca pero sin embargo es una sensación que nunca antes experimenté. Es sentir que todos estos años han tenido sentido y que has ganado.
Y en ese preciso momento, termina una etapa, y comienza una nueva página de nuestra historia, esta vez lejos de aquí en mi caso.
Para terminar, quiero dar la enhorabuena a todos aquellos que hoy han tenido esta sensación como yo, y que en unos meses comenzarán una nueva etapa en sus vidas. Y también desear suerte a los que no tuvieron tanta aquellos tres días, y decirles que lo bueno se hace esperar y que en septiembre tendrán su recompensa. Señores, nos espera uno de los mejores veranos de nuestras vidas. Disfrutenlo, nos lo hemos ganado.

Dedicado especialmente a todos esos
estudiantes de 2º Bachiller.

jueves, 7 de junio de 2012

Días Negros.

Hoy, al levantarme y ver la fatídica noticia de la muerte del que fue quizás el entrenador más querido por todo el fútbol español, se me abre una reflexión en mi mente. Esta reflexión no es otra que lo efímero que es el camino de la vida. Tal día como hoy, podemos estar aquí, y mañana sin motivo alguno ya no. En estos momentos son en los que piensas en qué nos envía a este mundo, en el motivo que tenemos en esta vida. Y sobre todo, pensamos en que a partir de ahora, vamos a vivir segundo a segundo, sin pensar en lo que pueda pasar, ya que mañana quién sabe que nos deparará el futuro. El famoso Carpe Diem latino.
Y la verdad es que no hay otra forma de vida. No se puede vivir temiendo al mañana, ni pensando en qué errores ha habido en el pasado. Simplemente hay que vivir y disfrutar de esta oportunidad que se nos ha dado, para unos más larga que para otros, hasta que la sombra nos lleve. No hay más.
Ahora es cuando le damos el valor correcto a lo que tenemos. Al menos en mi caso. Ver a este hombre esta mañana que con 54 años, había perdido a su hijo, a su mujer y el año pasado a su padre y que pese a todo esto, decidió luchar y seguir viviendo con lo que el más disfrutaba. Seguir adelante después de todas las barreras que le puso la vida. Aquí, es donde nos damos cuenta de lo irrisorios que son muchos de nuestros problemas, por los que nos enfadamos día a día, por los que dejamos de lado a gente. Simples tonterías. Al ver esto, siento vergüenza. Por todas las decisiones que he tomado sin pensar las consecuencias, por todas las veces que he pensado que con la más mínima piedra podrían frenarme. Y pensar todas las desgracias que tiene este mundo, y no pensar que somos privilegiados por el lugar que ocupamos en la sociedad y por la vida que tenemos algunos. Somos privilegiados, pero sin embargo nos sigue abordando la codicia.
Con todo esto, todo queda un poco más claro. El mundo está hecho para los héroes. Todos aquellos que viven firmes a sus principios y que luchan por lo que quieren sin derrumbarse por muchos obstáculos que encuentren. Todos aquellos que merecen nuestra admiración y respeto, todos aquellos de los que descendemos.
En definitiva, no se si seré el único, pero esto me hace reflexionar y ver la vida desde otra perspectiva. La vida no está hecha para ahogarnos en penas y problemas, no. La vida está hecha para vivirla.

Dedicado en especial a Manolo Preciado,
recientemente fallecido
e inspirador directo de estas palabras.
Descanse en Paz.

domingo, 3 de junio de 2012

Suciedad.

Hay momentos en los que es bueno detenerse para mirar a nuestro alrededor. A simple vista, todo parece igual que siempre, pero si nos fijamos bien, las cosas cambian por instantes.
En estos momentos, puedo ver cosas que vienen y se van sin parar. Tan pronto como te encuentras con algo entre tus manos, desaparece y ya no está. Pese a que en un primer momento pareciese que se iba a quedar ahí de forma prolongada en el tiempo. Pero no es así. Todo pierde su significado de un momento a otro. La vida es una mentira continuada, una ilusión que juega con tus sentimientos y pone a prueba tus sentidos.
Mientras uno piensa que puede confiar en esta sociedad y que el hombre es bueno por naturaleza, nos olvidamos de la segunda parte: pero es la sociedad la que lo pervierte. No podemos esperar bondad de nadie, a la mínima que nos acerquemos a la guillotina, el menos pensado accionará el mecanismo y ¡PUM! puñalada trapera del que menos te esperabas. Hasta nuestra sombra nos acecha cada instante esperando un tropiezo. Y se supone que tenemos que estar acostumbrados a esto. Este mundo no está hecho para los débiles, todo lo contrario. En este mundo se necesita malicia para sobrevivir y sólo los fuertes lo consiguen. A los débiles, a los ajenos a la maldad se les pisa y tortura hasta convertirlos. Se les abre los ojos a patadas. Y eso no es justo.
Pero, ¿qué nos podemos esperar de un mundo en el que los niños quieren ser adultos, los adultos se refugian en drogas y suciedad por miedo a afrontar la realidad y los niños ven día a día lo anterior? No se puede esperar nada. Injustamente, esto es lo que tenemos. A los niños, desgraciadamente, no se les ha enseñado que cada cosa tiene su momento. Que hay tiempo para jugar, y que ya habrá tiempo para luchar. Pero no. ellos quieren aparentar edad, obteniendo más derechos que nadie pero sin obligaciones. Mientras, ellas se embadurnan en cremas y maquillajes caros para salir a la calle y aparentar. Porque esto es un mundo de apariencias, en lo que solo cuenta la fachada. Y eso da asco. Si se quiere correr más, y te pones delante del tren, al final te terminan pillando. El mundo cambia por momentos a una velocidad pasmosa. Se ha perdido el respeto por los que nos engendraron, y ahora les escupen a la cara.
Pero claro, esto lo vemos los que nos paramos en algún momento a observar lo que se nos viene encima, lo que viene desde abajo pisando fuerte. Sin embargo, es muy fácil desviar la mirada y seguir el rumbo sin mirar atrás y que el sol salga por donde quiera. Total, ya no se puede evitar.