Parece que fue ayer cuando cogí el tren que me traía de vuelta de Albacete. Después de un festival impresionante, me encaminaba a afrontar el curso más duro en cuanto a trabajo que me ha deparado la vida hasta el momento. Y fue así. Un curso que sí, más duro e intenso en cuanto a exámenes y conocimientos con relación al tiempo que tenemos para prepararlo. Llegamos después de un verano de desenfreno, dispuestos a ver muchas de esas caras que olvidamos el año anterior. Qué difíciles son los primeros días. Conocer profesores nuevos y ponerte las pilas desde el primer día hasta el último. El período de adaptación se hace bastante árido como diría uno de nuestros profesores pero todo terminó a pedir de boca.
Bajo mi punto de vista, el primer trimestre fue el más duro. El comienzo siempre es lo más difícil de llevar, pero salimos ilesos. Y cuando llega Navidad, ya todo va cuesta abajo y sin frenos. Falta tiempo por todos lados y muchas personas comienzan a hiperventilar pensando de donde podrían arañar esos segundos de estudio que tanta falta les hace. No se si será suerte o desgracia no incluirme entre esas personas. Quizás me relaje demasiado y no sepa verle la cara a los problemas hasta tenerlos bien de frente, pero así ha ido mi curso. A lo mejor no está bien decirlo, pero me he pegado un curso demasiado demasiado relajado. Y ese es el motivo de no haber cumplido mis objetivos iniciales al 100%. Pero sí en su mayoría.
2º de Bachiller es el típico curso que nadie quiere echarse a la cara. Un año en el que por norma general tienes 17 años, casi todos los lunes exámenes y entre semana no mucho tiempo para dedicártelo íntegramente para ti. Pero en mi opinión es más lo que dicen que lo que es en sí. No te das cuenta de lo rápido que van pasando los días hasta que te encuentras con los exámenes finales. ¡Joder! ¿YA? Pues sí. y luego claro, esa palabra tabú que un estudiante se tira escuchando desde el primer día hasta que te la quitas de encima: Selectividad. Una palabra que parece engendrada por el mismísimo demonio, pero no, no tiene por qué. Durante el año, esos magníficos profesionales en estos momentos infravalorados y llamados vulgarmente "maestros" se dedican a prepararte día a día para esos 3 días. Pero lo más importante no son esos 3 días, sino que te preparan a fondo para que comencemos con buen pie la larga carrera que aún nos queda, nuestro futuro. Porque sí, aquí terminamos una etapa, e importante, pero comenzamos una mucho más determinante para el día de mañana. Estos años que nos quedan si que son los importantes, los que dictarán sentencia en cuanto a nuestro futuro, en cuanto a donde nos queremos ver dentro de 10, 20, 30 o incluso más años. Esto que llevamos hecho todo este tiempo, 17 años en mi caso, tan solo ha sido una ligera preparación para nuestra carrera de verdad, para enfrentarnos a la vida como personas intelectuales y cultas. Y todo esto se lo debemos a esas personas, que desde pequeños nos dicen: "Fernando, estudia" o a esas otras que nos ponen la calificación en los exámenes. Gracias por todos estos años, y por allanarnos el terreno de los que nos quedan. Gracias profesores, a los que les debo gran parte de mi educación, humana e intelectual, de mi vida. Y sobre todo, gracias Papá y gracias Mamá por hacer que hoy esté aquí escribiendo esto y por darme la vida y una educación, en mi opinión ejemplar. Gracias por regalarme estos años.
Y después de esto, vuelvo al tema selectividad. 3 días en los que se juntan tantos exámenes que cuando sales de uno ya tienes que empezar a pensar en el siguiente que no tiene nada que ver con el anterior. Pero tranquilos, es mucho más lo que dicen y lo que se crea alrededor de esta palabra tabú que lo que es en realidad. Y después de salir de ese último examen, respiras y te sientes bien y por así decirlo, libre. Pero ese día, aunque te sientas bien, todavía te queda una pequeña espina: las notas. Entonces te pasas toda la semana intentando no darle mucha importancia y pensando que todo va a salir bien, pero llega el lunes y ya no estás tan seguro y te queda ese remordimiento de: ¿Y si todo este tiempo no ha servido de nada? ¿ Y si tengo que seguir escuchando esta maldita palabra durante todo el verano?. Pero entonces llega el martes, y el primer compañero que se entera lo comunica por Whatsapp. Están puestas. Y ahí, estés donde estés, sales corriendo buscando el ordenador más cercano y tu clave. Y entonces entras, lo colocas todo y... ahí es cuando pasan los 3 segundos más lentos de toda tu vida. Pero cuando lo ves, o en mi caso, cuando lo veo sólo existe una opción: Chillar alocadamente a los cuatro vientos "APTO, APTO" y ver el trabajo de todos estos años traducido en un código numérico. Y seguir gritando y saltando mientras comienzo a notar cierta humedad en mis mejillas. Sí. Éste, este simple momento frente al ordenador, es en el que realmente te sientes liberado, te desquitas de toda la presión. Y lloras, sí, lloras como nunca, pero te sientes bien. Este estúpido momento, incoherente e incontrolable, yo lo he bautizado como Felicidad. Porque no sientes nada más, solo gritas y lloras como nunca pero sin embargo es una sensación que nunca antes experimenté. Es sentir que todos estos años han tenido sentido y que has ganado.
Y en ese preciso momento, termina una etapa, y comienza una nueva página de nuestra historia, esta vez lejos de aquí en mi caso.
Para terminar, quiero dar la enhorabuena a todos aquellos que hoy han tenido esta sensación como yo, y que en unos meses comenzarán una nueva etapa en sus vidas. Y también desear suerte a los que no tuvieron tanta aquellos tres días, y decirles que lo bueno se hace esperar y que en septiembre tendrán su recompensa. Señores, nos espera uno de los mejores veranos de nuestras vidas. Disfrutenlo, nos lo hemos ganado.
Dedicado especialmente a todos esos
estudiantes de 2º Bachiller.
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