Hay momentos en los que es bueno detenerse para mirar a nuestro alrededor. A simple vista, todo parece igual que siempre, pero si nos fijamos bien, las cosas cambian por instantes.
En estos momentos, puedo ver cosas que vienen y se van sin parar. Tan pronto como te encuentras con algo entre tus manos, desaparece y ya no está. Pese a que en un primer momento pareciese que se iba a quedar ahí de forma prolongada en el tiempo. Pero no es así. Todo pierde su significado de un momento a otro. La vida es una mentira continuada, una ilusión que juega con tus sentimientos y pone a prueba tus sentidos.
Mientras uno piensa que puede confiar en esta sociedad y que el hombre es bueno por naturaleza, nos olvidamos de la segunda parte: pero es la sociedad la que lo pervierte. No podemos esperar bondad de nadie, a la mínima que nos acerquemos a la guillotina, el menos pensado accionará el mecanismo y ¡PUM! puñalada trapera del que menos te esperabas. Hasta nuestra sombra nos acecha cada instante esperando un tropiezo. Y se supone que tenemos que estar acostumbrados a esto. Este mundo no está hecho para los débiles, todo lo contrario. En este mundo se necesita malicia para sobrevivir y sólo los fuertes lo consiguen. A los débiles, a los ajenos a la maldad se les pisa y tortura hasta convertirlos. Se les abre los ojos a patadas. Y eso no es justo.
Pero, ¿qué nos podemos esperar de un mundo en el que los niños quieren ser adultos, los adultos se refugian en drogas y suciedad por miedo a afrontar la realidad y los niños ven día a día lo anterior? No se puede esperar nada. Injustamente, esto es lo que tenemos. A los niños, desgraciadamente, no se les ha enseñado que cada cosa tiene su momento. Que hay tiempo para jugar, y que ya habrá tiempo para luchar. Pero no. ellos quieren aparentar edad, obteniendo más derechos que nadie pero sin obligaciones. Mientras, ellas se embadurnan en cremas y maquillajes caros para salir a la calle y aparentar. Porque esto es un mundo de apariencias, en lo que solo cuenta la fachada. Y eso da asco. Si se quiere correr más, y te pones delante del tren, al final te terminan pillando. El mundo cambia por momentos a una velocidad pasmosa. Se ha perdido el respeto por los que nos engendraron, y ahora les escupen a la cara.
Pero claro, esto lo vemos los que nos paramos en algún momento a observar lo que se nos viene encima, lo que viene desde abajo pisando fuerte. Sin embargo, es muy fácil desviar la mirada y seguir el rumbo sin mirar atrás y que el sol salga por donde quiera. Total, ya no se puede evitar.
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