En primer lugar, Gracias. Gracias
por todo lo que has dado por mí y por mi hermano en este tiempo y por darnos lo
más importante que tenemos en estos momentos: la vida y una educación que
muchos envidiarían. Gracias de corazón. Querría empezar esta pequeña
dedicatoria también, pidiéndote perdón por todas esas veces en las que no he
sabido estar a la altura, ni comportarme como fuera debido por una cosa o por
otra; por mi carácter, demasiado fuerte en muchas ocasiones y por haberte
contradicho en cosas en las que más tarde, el tiempo me enseñó que tenías toda
la razón. La experiencia es un grado.
Además, en este día tan importante
desde hace unos 18 años, quiero que sepas que no hay persona en este mundo por
la que sienta más respeto, orgullo y admiración que por ti. Por todo lo que has
luchado en esta vida por nosotros, por los tuyos y por que todo saliese siempre
bien. Siempre has hecho lo que has creído mejor para nosotros y siempre con
excelentes resultados. Nadie hubiese tomado mejores decisiones. Recuerdo
vagamente aquellas primeras vacaciones por el norte de España, en las que yo me
hacía difícil de aguantar, pero tú siempre lo llevaste con todo tu cariño y
amor, ese amor y simpatía que tanto te caracteriza y que tanto me gusta y ayuda
en los momentos más difíciles, cuando me veo agobiado o me altero en exceso.
También, en estos últimos años, en los que me has ayudado siempre que se me han
puesto las cosas cuesta arriba y he necesitado en quién apoyarme.
Recuerdo también esos veranos en Albacete,
nuestros desayunos y compras por la ciudad que tanto me gustaban y me siguen
gustando. Esos paseos entre el bullicio de una mañana manchega mirando
escaparates o simplemente paseando después de unas tostadas y un café con
leche. Tantos recuerdos que no puedo evitar emocionarme.
Para terminar un poco este peculiar regalo, espero
haber estado a la altura de lo que esperabas de un hijo y decir que intentaré
seguir dándote alegrías en lo que resta de mi vida, porque no hay otra cosa que
merezcas que ser feliz por todo lo que das por nosotros día tras día. Y por
pedirte algo para un futuro, que todo siga como hasta ahora, ya que sería lo
más injusto de este mundo pedirte más de lo que nos das. Te lo debemos todo.
Con todo el cariño del mundo,
y con la humildad y educación con la que nos educaste.
Gracias Mamá.
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