viernes, 27 de abril de 2012

Historias.

Caminar por la calle y ver pasar a miles de personas. Todas con historias diferentes, vidas y problemas. Todos distintos entre sí. Todas pasan por mi lado y se cruzan sin mirar atrás. Sólo soy una sombra más. Están en su mundo, inmersos en su interior pensando no se el qué que hacen que solo sea uno más entre toda la sociedad. A veces es bueno sentirse así, uno más, transparente caminando por este mundo de envidia y prostitución. Todas las almas tienen un precio y los maestros titiriteros las manejan a sus anchas aportando un importe casi siempre desproporcionado al real. Eso da mucho asco. Y sólo nos queda resignación. Pensar que siempre están esos momentos en los que escapas del mundo, en los que eres transparente para la sociedad. Disfrutarlos como si fuesen los últimos porque pueden llegar a serlo en cualquier momento.
Cada detalle puede marcar la diferencia y hacer que tu vida de un giro de ciento ochenta grados, dejando atrás todas las posibilidades que estaban en tu cabeza, y vienen otras tantas que son iguales o mejor que las anteriores. Pero seguimos sumidos a unas pautas y al destino, que nos reduce las opciones a las que deseen los cuatro señores de este mundo. Esto no cambiará hasta el fin de los tiempos. Me paro a pensar en la libertad, y en la mentira que nos han vendido con ella. Nadie es libre, todos tenemos restricciones y puertas que no podemos atravesar y esto me hace daño. Pero en un mundo dominado por los sentimientos más oscuros, quizás lo mejor sea tener unas pautas que marquen el camino, porque si no todo iría demasiado lejos. Mi libertad termina donde empieza la tuya, sí, pero entonces, ¿somos del todo libres? Esta paradoja nos da la respuesta a tantas preguntas que miles de personas se han hecho sin conseguirla. Y quizás suene egoísta, sí, no se puede negar, pero en un mundo bucólico que solo existe en los libros y en las películas esto no es así. Ese es el principal problemas. La vida no es un cuento de hadas, ni una novela policíaca, ni una narración del maestro Moccia. Por eso nos llama tanta la atención esas pequeñas historias. Nos refugiamos en los libros para no ver la realidad que nos rodea y eso es muy triste a veces. Todos hemos soñado con una historia romántica como Romeo y Julieta, las nuevas juventudes creen que en su vida debe aparecer un "Mario Casas", "Richard Gere" o "Jennifer Anniston". Pero esto no es así. Moriríamos diez veces si la vida nos diese la oportunidad sin encontrar a esa princesa que perdió el tacón o a ese príncipe azul de los sueños de cualquiera. A pesar de todo, yo sigo buscando ese zapatito de cristal que se olvidaron en las escaleras de un palacio, antes de entrar a un banquete donde se reunían todos los prncipes del mundo. Ilusión o realidad, la gente necesita excusas para ser feliz, y la religión no suele ser suficiente. De ilusiones se vive y se muere al fin y al cabo, y sigo pensando que los sueños si se desean de verdad, se cumplen. Tan solo hay que ir a buscarlos.

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