viernes, 11 de enero de 2013

Casino.

Caminando bajo un manto de estrellas me encuentro rodeado de arena mientras la brisa del mar acaricia mi cara. Hace frío, mes de Enero. Me paro a pensar y doy un repaso a todo mi pasado, a lo que me da el presente y lo que me deparará el futuro. Han pasado tantas cosas en este diminuto lapso de tiempo. Enciendo un cigarrillo mientras me detengo a pensar en esos instantes que marcarán mi vida en el futuro. Esas caricias, esos labios rozaban los míos con la delicadeza de una rosa en primavera. Esas sonrisas sin motivo aparente pero con tanta historia. Esas lágrimas que brotaban de mis ojos motivadas por la felicidad que corría por mis venas. ¿Qué pasó con todo eso? El mar no me da respuesta, y la luna me mira, inocente, sin saber que decir, preguntándose que mal he podido causar al mundo para que el destino me premie con tan amargo presente. Sigo buscando respuestas a la par que encuentro más interrogantes. Me siento vacío, sin ambiciones ni ilusiones, sin nada por lo que sentirme pleno y sonreír. Quizás no quede nada. O quizás sí. Todo ha dado un vuelco tan brusco que ha descolocado mi vida extremadamente dejándome mirando al infinito sin pestañear, sin hacerme a la idea de como ha cambiado todo en tan poco tiempo. El destino caprichoso me vuelve a azotar una vez más y mi suerte se ve desvanecida como tantas otras veces, aunque no era así desde hacía ya un tiempo. Esos momentos en los que me sentía vivo, grande, fuerte, que nada me podía dañar.
En el casino de la vida, al igual que en el de la realidad, siempre gana la banca. Y ahora mis cartas no son las mejores para jugar, pero aún así no desisto y lucho por mis sueños. Esos que nunca me han abandonado, esos que permanecen en mí, intactos, aunque por momentos se tambalean y me vuelven a dejar a solas con la realidad. Tan dañina y tan depresiva.
Me hago daño y decido marcharme, dejando atrás ese lugar en el que millones de tardes acordamos encontrarnos mi soledad y yo para valorar los momentos que pasamos. Y sin querer, voy recorriendo lugares que traen más y más recuerdos a mi cabeza. El pecho me arde, me encuentro mal y no encuentro motivo ni la localización del dolor. Mire donde mire apareces tú, tan llena de vida y de alegría. Tan tú, como siempre pero mucho menos nosotros que antes. Siento la necesidad de volver a aparecer, de que me abraces y yo me entregue a ti como en tantas ocasiones pasadas. La necesidad de volver a besar tus labios y tocar el cielo con la punta de mis dedos. La necesidad de salir de esta penumbra que me acecha y me oprime el corazón hasta no dejarme respirar. La necesidad de volver a sentir todas esas cosas que no puedo explicar y que me hacían sentirme importante, inmaculado. Pero ya no queda alegría en mi,  ni motivos para sonreír una y otra vez sin motivo aparente pero con tantos motivos.
Sigo escribiendo ese capítulo de mi historia al que bauticé como "Felicidad" aquel día, pero que ahora se encuentra en un período de transición del que deseo salir cuanto antes. Ya no quedan lágrimas de emoción en mi, tan solo esas amargas que resbalan por mi cara que no son otras que de añoranza, incertidumbre y tristeza. En ocasiones tiemblo de dolor, y no hay medicamento capaz de evadirme de esa sensación. Me siento tan vacío.
Y ahora, solo me queda abrazarme a los pocos sueños que me quedan y volver a robar carta en forma de ilusión, a ver si la partida me brinda una nueva oportunidad de sobrevivir en esta cruda realidad de la que sólo tu eres capaz de sacarme y de ayudarme a escapar, juntos hacía donde nadie nos vea, donde nadie haga daño, donde todo sea felicidad y no existan las decepciones. Porque tu eres la calle por la que me gusta caminar tranquilo. La calle en la que me gusta perderme sin que nada más tenga sentido. Porque eres tu lo que ahora necesito y no quiero olvidar.

Embraces your dreams.

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