Ya llega la Navidad, otro año más, y me pongo a pensar en todo lo que este año ha supuesto en mi vida. Demasiados cambios, demasiadas emociones, primeras pero también últimas vecen, amistades que emergen, otras que desgraciadamente quedan en el camino. Principalmente ha sido un año de altibajos en cuanto a lo emocional se refiere. La verdad es que mi principio de año no fue, quizás el esperado. Todos lo pintaban de otra manera por hechos, pero no sucedió así y ahora la verdad, me alegro de ello. Todo quedó olvidado y la pena es que fue todo y del todo. Luego vino un tiempo de subidas y bajadas. Mientras que una semana me encontraba observando mi vida desde arriba, otro largo tiempo me lo pegué intentando escalar para recuperar mi sitio. Al llegar encontré un periodo de exactamente 10 días en los que me creí que todo se había acabado, ya no habría más bajones. No terminé de decirlo cuando me enfrenté al mayor varapalo de mi vida hasta la fecha. Otra vez por debajo de los infiernos.
Pero a raíz de eso, me levanté y ahora vendría la etapa dorada de este año: el verano. Empezando por una grandísima graduación, siguiendo por un verano inimaginable junto a todos vosotros, hermanos. Y terminando con lo que marca el inicio de los mejores meses que hasta ahora puedo disfrutar. El comienzo lo marca aquel 1/08/2010. En estos 4 meses, me he sentido y me siento el amo del universo, he llegado a tocar el cielo con la punta de los dedos y los días los cuento con sonrisas. Gracias a aquel día ya todo vuelve a tener un color especial y las cosas salen bien casi por naturaleza. Todo sale mejor si lo ves desde una perspectiva "feliz" por llamarla así.
Estos últimos 4 meses, ya hallan sido cerca o lejos, me has regalado todo lo que necesito para ser feliz, todo lo que necesito para levantarme día a día. Me lo has dado todo, me has hecho mirar las cosas desde un punto de vista diferente. Y sin quererlo quizás, me has echo grande, importante. Me has hecho volver a resurgir de mis cenizas.
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