Paso la vida corriendo. De un lado, para otro. No he llegado y ya tengo que salir. Demasiadas cosas, sucesos, decisiones. Y sin poder parar, no puedo parar no puedo. ¡Stop!. Tranquilo. Hay tiempo. Esto es tan largo y a la vez tan efímero. Todo pasa, todo llega, las cosas fluyen en el tiempo, se transforman, se arrastran por las calles con la forma de personas inertes, y a la vez tan llenas de vida. Somos materia sin forma en una larga vía que es el tiempo. Cada decisión marca nuestro destino ya prescrito desde nuestro primer aliento. Las personas llegan, y salen de tu vida en un sólo instante mientras tú solo puedes observar. Saludar y despedir en una micra de segundo. Y ya hay que empezar a correr otra vez. La carrera de la vida no cesa, el tiempo se nos escurre entre los dedos mientras nosotros no podemos dejar de correr y no hay tiempo para pararse a contemplar. En el instante en el que te pares a pensar todo lo que te ha conllevado esta vida, ya estas muerto. El tiempo llega a su fin y sólo puedes resignarte ante la llegada de la sombra. Esa que te acecha en cada esquina y que todo parece molestarle. Tan jóvenes, tan viejos. Tanta vida.
¿Y ahora qué? Cada pregunta puede dar un vuelco a tu vida, puedes llegar de un extremo a otro. Las consecuencias se suceden sin que las apreciemos. Al fin y al cabo, somos consecuencias del tiempo que vivimos, simples marionetas en un mundo dominado por las prisas, la estupidez y la lujuria, todos subordinados de la Envidia, que observa cada movimiento en el tablero mientras ríe e infecta a cada uno de los peones.
Es triste. Predestinados de por vida por sentimientos odiosos y putrefactos que aprovechan nuestros peores pensamientos para hacerse con nosotros. En este mundo, el amor sólo puede observar mientras nos susurra desde la sombra y apenas unos pocos lo escuchan. No hay tiempo para pararse a escuchar, tenemos que seguir viviendo, luchando cada día, persiguiendo sueños. Eso. Los sueños son la clave. Son los únicos de aportar algo de luz a un mundo despiadado que nos arranca cada segundo con avaricia, deseoso de vernos caer a una fosa común, donde terminaremos todos, esclavos de este mundo incierto y cruel. La llave la tienen los sueños. Los soñadores sobrevivirán y nos librarán de las cadenas.
La única esperanza que nos queda es aferrarnos a ellos, abrazarlos.
Embraces your dreams.
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