Voy frenando. Aparco tranquilamente y saco mi Marlboro. El sol está bajando y sus rayos parecen que emergen del mar. Hoy esta triste, esta muriendo para después volver a renacer al día siguiente. Casi como yo. Me encanta este sitio, el mar, las gaviotas, el olor a agua salada, el sonido de las olas al romper plácidamente en la orilla... que gustazo. Siempre venía aquí con mi padre de pequeño. Me encanta volver para pensar en mi vida en mis cosas, para viajar hasta mis adentros. Es el único lugar donde encuentro la tranquilidad con un buen cigarro observando al mar perdiéndose en el horizonte. En repetidas ocasiones miro el móvil pero no encuentro respuesta. ¡Joder!. Que rabia. Pensar y pensar y no encontrar respuesta. Las gaviotas parecen conocerlas todas pero no quieren decírmelo. Ellas son felices. Todas juntas volando a cualquier lado, sin barreras. Que envidia. En cambio yo, aquí sentado en un viejo Panda, sin tener motivos por los que sonreír. La simple nostalgia me hace emocionarme y pensar en aquellos tiempos cuando no me importaba nada, cuando era el rey de mi casa, tan chiquitín y tan libre. Sí, eso es lo que busco libertad. Que palabra tan bonita. Miro hacia mi muñeca izquierda y allí esta. Libertad, tapada ligeramente por mi reloj. Me lo quito y la observo sin dejar de pensar. ¿Qué he hecho? Vueltas y más vueltas, mi cabeza no para. Pero yo sigo aquí y el sol ya apenas se aprecia. Su ultimo aliento se ahoga en un mar, un mar de dudas que mañana lo verán resurgir más fuerte. Todos deberíamos ser así. Saber resurgir cada día para morir al final. Sin que nadie preste caso a tus acciones. Pero a la vez todos saben quien eres y donde estas. Alumbrando nuestro paso día a día y siendo indispensable para la vida de cualquiera. Qué insignificante me siento al pensarlo.
Anochece profundamente y decido volver. Salgo de aquel muelle y me voy, observando a tanta gente pasear, tantos niños repletos de vida. Llego a su puerta y allí está, bella como siempre pero ya no se acuerda de mí. Hoy soy una sombra más de tantas y eso me hace sentirme tan mal. Guapa como siempre sin percatarse de mi presencia. Ya no es necesario. Cuando mis lágrimas comienzan a aflorar decido marcharme lejos de ahí. Recuerdos, recuerdos, tantos recuerdos. Salgo a toda velocidad, buscando consuelo en ella. Vuelvo a mirar al teléfono, sin noticias. Desvío mi mirada a mi muñeca. Libertad.
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