Tras cada lágrima, tras cada grito, tras cada bocanada de angustia hay una razón, un porqué. Siempre un porqué. Tantos sucesos narran nuestra vida, pero el tiempo sigue su curso. Y por detrás el odio, la envidia, el deseo de salir corriendo contra todas las adversidades. Que bien sienta eso. Chocar contra todos los problemas y ¡PUM! romper con la vida paso a paso, que desaparezcan todos. Cuantas veces he soñado con eso. Correr y correr, consiste básicamente en eso sin parar a contemplar nada, hacer lo que a uno le apetezca en el momento que uno quiera, cuando se desee. De aquí para allá viajando, visitando lugares. Ser tan solo una sombra para los demás, no dejar huella. Sueños, tan solo sueños. Hoy Roma, mañana París y pasado... pasado quizás en L.A. paseando por sus playas, observando el desarrollo en estado puro. Sí, que bien. Que todo alrededor carezca de significado. No tener que pensar, no tener que valorar las consecuencias. Correr simplemente. Dichosos los pájaros. Todo el día volando, sin barreras, sin complejos, sin normas. Mirando cómo la gente muere, como la Envidia se esconde bajo las sombras para acabar con la humanidad. Pero a ellos no les importan, están allí arriba, tocando el cielo con la punta de los dedos. Sí, eso es vida. Volar, libertad.Sentir el viento, que acaricia tu cara y que no puede pararte. Ver que nada puede detenerte y hacerte infeliz. Inmejorable.
Pero tan solo son sueños. No hay nada que consiga hacerme más feliz. Ellos son los que me trasladan a su mundo y me hagan verlo todo de otra manera. Todo menos a ella. En mi sueño es idéntica a la realidad. Perfecta. El prototipo mejorado que Dios tiene en sus reinos, más allá del cielo, de las estrellas y de todo el universo conocido. Pero se escapó. Burló la seguridad de San Pedro y está aquí, a mi lado, regalándome la mejor de sus sonrisas. Está aquí, y en mis sueños, donde nada se puede mejorar. Y eso me hace tan feliz, algo quiso que me fuese dado este regalo. Una decisión en el momento justo. Ni un segundo antes ni después.
Pero no me paro a pensar. Sigo corriendo, disfrutando los segundos que me quedan, apurando cada palabra, cada aliento, cada suspiro de alivio. Sigo viviendo la vida, en estado puro.
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